31 oct. 2013

Delirios

Tumbada en tu cama, te paras a pensar qué pasará si desapareces del mundo. ¿Quién se dará cuenta de que te has ido? ¿Quién se preocupó de que estuvieras mal o estuvieras mal? Todos te dieron la espalda cuando estabas con ellos y ahora te echarán de menos incluso las personas que no conociste. ''Era buena chica'', dirán. ''Era muy simpática'', mentirán. ''No me caía bien, era inútil'', insultarán. Puede que todo fuera a ir a peor o a mejor, pero seguirá igual, a nadie le importarás.

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22 oct. 2013

París

París es el más delicioso de los monstruos: aquí, linda muchacha; allá, pobre anciano; acullá, todo flamante como una mujer a la moda; monstruo completo por todos lados. Sus buhardillas, especie de de cabeza llena de ciencia y de genio; sus primeros pisos, estómagos dichosos; sus tiendas, verdaderos pies, y de allí parten todas las aceras, todos los negocios. ¡Y qué vida tan activa lleva el monstruo! Apenas el último estremecimiento del último coche del baile cesa en el corazón, cuando sus brazos se mueven en las barreras y empieza a removerse lentamente. Bostezan todas las puertas girando sobre sus goznes, como las membranas de un gigante movidas invisiblemente por treinta mil hombres o mujeres que viven en seis pies cuadrados y poseen en ella una cocina, un taller, una cama, hijos, un jardín, y en los que no se ve claro y donde todo se ve. Entonces, insensiblemente, las articulaciones crujen; el movimiento se comunica, la calle habla. A medio día la vitalidad es completa, las chimeneas despiden humo, el monstruo come, en seguida ruge y sus mil patas se agitan. Pero, ¡oh París!, ¡quién no ha admirado tus paisajes sombríos, tus fosfóricas llamaradas, tus callejuelas sin salida, profundas y silenciosas, quien no ha oído tus murmullos entre la media noche y las dos de la madrugada, no conoce aún nada de tu verdadera poesía, ni de tus extraños y prolongados contrastes!
Hay un reducido número de admiradores, personas que nunca caminan con ligereza, que saben apreciar en tales términos la fisonomía de París que distingue en ella un humor, un grano, una roncha.
Así son los conocedores de París [...]